EL ELEFANTE NEGRO EDICIONES
Siguiendo a este Ramiro, si la naturaleza ya es un tipo de logos, podemos decir con el presocrático Empédocles “dividiendo bien el logos, distribuyéndolo por tus entrañas”, que resuena con: la luz de los paisajes, pedacitos de ella, que hay que apagar. La naturaleza se presenta en todo un coro desmembrado de significaciones, con una dirección, sin embargo, que esparce las voces. Los primeros versos del poemario nos dicen: sembré semillas con tu nombre / sin saber su procedencia. El logos inicia el mundo natural, pero detrás del inicio el misterio originario del crecimiento, aquí hasta el matorral, hasta las espinas, hasta el Narciso que se ve en el charco de agua que entra por la cocina. El nombre de un jardín herido, como quería Baudelaire y continuó Borges en su imagen del tiempo, donde se encuentran indiferenciados, la herida del herido, la herida de quien produce la herida.
Juan Manuel Rizzi
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Siguiendo a este Ramiro, si la naturaleza ya es un tipo de logos, podemos decir con el presocrático Empédocles “dividiendo bien el logos, distribuyéndolo por tus entrañas”, que resuena con: la luz de los paisajes, pedacitos de ella, que hay que apagar. La naturaleza se presenta en todo un coro desmembrado de significaciones, con una dirección, sin embargo, que esparce las voces. Los primeros versos del poemario nos dicen: sembré semillas con tu nombre / sin saber su procedencia. El logos inicia el mundo natural, pero detrás del inicio el misterio originario del crecimiento, aquí hasta el matorral, hasta las espinas, hasta el Narciso que se ve en el charco de agua que entra por la cocina. El nombre de un jardín herido, como quería Baudelaire y continuó Borges en su imagen del tiempo, donde se encuentran indiferenciados, la herida del herido, la herida de quien produce la herida.
Juan Manuel Rizzi